Fernando Coca Meneses, autor de Balas con Remitente señala que en las últimas dos décadas han ingresado ilegalmente alrededor de 10 millones de armas de uso militar a México, fortaleciendo al crimen organizado
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El tráfico ilegal de armas entre Estados Unidos y México no es un fenómeno reciente, sino un problema que se ha mantenido durante décadas gracias a la corrupción, la colusión de autoridades y a la flexibilidad de las leyes estadounidenses para la venta de armamento, aseguró el periodista e investigador Fernando Coca Meneses durante la presentación de su libro Balas con Remitente, El tráfico de armas de Estados Unidos a México.

El autor explicó que el operativo “Rápido y Furioso”, implementado durante los gobiernos de Felipe Calderón y Barack Obama, fue un episodio bilateral que evidenció la participación de funcionarios de ambos países.
“Si no hay colusión y corrupción, difícilmente esto sucedería”, afirmó, al señalar que las armas no cruzan la frontera por sí solas, sino que existen autoridades que permiten su tránsito hacia territorio mexicano.
Coca Meneses sostuvo que la violencia ligada al tráfico de armas tiene antecedentes desde la década de los ochenta y recordó casos como el asesinato del agente de la DEA, Enrique “Kiki” Camarena, así como el escándalo Irán-Contra, donde el tráfico de armas, drogas y dinero ya formaba parte de una compleja red internacional.
“Las armas no entran caminando solas, no vuelan. Hay lugares por donde pasan y hay autoridades de allá y de acá que voltean hacia otro lado cuando esas armas están entrando”, expresó.

Durante su intervención reveló que, de acuerdo con sus investigaciones, en los últimos 20 años han ingresado ilegalmente a México alrededor de 10 millones de armas de uso militar, un promedio cercano a 500 mil armas por año. Asimismo, destacó que únicamente en el último año fueron asegurados 900 rifles Barret calibre .50, la mayoría de ellos en el estado de Tamaulipas, reflejando el incremento en el poder de fuego de las organizaciones criminales.
El investigador señaló que el fin de la prohibición para fabricar y comercializar armas de uso militar en Estados Unidos, tras concluir la legislación impulsada durante la administración de Bill Clinton, permitió una producción masiva que terminó abasteciendo a grupos delictivos en México.
“Antes el arma característica del crimen organizado era el cuerno de chivo; hoy cada vez escuchamos más sobre el uso del Barret .50”, indicó. Finalmente, llamó a fortalecer la cooperación bilateral y establecer leyes menos permisivas para frenar el flujo de armas hacia México, al considerar que la violencia no podrá reducirse mientras continúe abierto este mercado ilegal.

