El Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Tijuana presidió la misa de Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma para la comunidad católica.
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Ángel Ramírez / mx.aramirez@gmail.com

La imposición de la ceniza recuerda la fragilidad humana y la invitación a vivir con fe, oración y caridad durante este tiempo litúrgico

TIJUANA.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, la Iglesia Católica dio inicio a la Cuaresma, un periodo de preparación espiritual rumbo a la Semana Santa, marcado por la reflexión, el arrepentimiento y la práctica de obras de misericordia. En Tijuana, el Administrador Apostólico de la Arquidiócesis Metropolitana de Tijuana, Mario Nicolás Villanueva, encabezó la misa de bendición e imposición de la ceniza.

Durante su mensaje, el jerarca católico exhortó a la comunidad a vivir este tiempo con un espíritu abierto y cercano a Dios, destacando la importancia del encuentro personal con Jesús a través de la oración, los sacramentos y la lectura de la Sagrada Escritura. “Que todos vivamos con un corazón muy abierto, muy disponible al encuentro con Jesús, especialmente en la palabra y en los sacramentos, cuidando también a los más necesitados de nuestra sociedad”, expresó.

El obispo explicó que la Cuaresma se sostiene en tres pilares fundamentales: la limosna, la oración y el ayuno. Sobre la limosna, señaló que implica compartir los bienes y dones recibidos con quienes más lo necesitan, incluso sin esperar reconocimiento. En cuanto a la oración, subrayó que no solo consiste en hablar con Dios, sino también en aprender a escuchar en el silencio. “Muchas veces hablamos, pero no escuchamos a Dios; hay que guardar ese recogimiento para escuchar su voluntad”, afirmó.

Respecto al ayuno, recordó que la Iglesia establece únicamente dos días obligatorios en el año, por lo que más que una carga, debe entenderse como un acto de conciencia espiritual. “Nos lleva a recordar que no solo de pan vive el hombre, sino de la voluntad de Dios”, indicó.

Sobre el significado de la imposición de la ceniza, explicó que representa la condición humana y la dependencia de la gracia divina. “Nos recuerda que no somos Dios, que del polvo hemos sido tomados y al polvo volveremos, pero también que estamos llamados a la vida eterna si abrimos nuestro corazón a Jesús”, concluyó.