Sin Anestesia
Por Rodrigo Medeles Ruiz
En política hay anuncios que sirven para la fotografía y decisiones que, si llegan a concretarse, pueden cambiar la vida de una ciudad. Marina del Pilar Ávila Olmeda tiene frente a sí dos proyectos que pertenecen a la segunda categoría.
Y ambos tienen que ver con algo que en Baja California dejó de ser un asunto secundario hace mucho tiempo: el agua.
El primero está en Tijuana.
Durante años hemos visto la canalización del Río Tijuana acumular azolve, basura y obstáculos mientras esperamos que llegue la temporada de lluvias para entonces recordar que existe un problema.
Ese modelo de gobierno reactivo ya sabemos cómo termina: primero llega la lluvia, después las inundaciones, luego las afectaciones y finalmente aparece la pregunta de siempre: ¿por qué no se hizo antes?
La gestión de la gobernadora ante CONAGUA abrió la puerta a una intervención que contempla retirar alrededor de 600 mil metros cúbicos de azolve de la canalización. La dependencia federal envió personal técnico desde la Ciudad de México para evaluar las condiciones del cauce y preparar los trabajos.

Y aunque debería ser lo normal en cualquier gobierno, en México sabemos perfectamente que prevenir casi nunca genera tantos reflectores como inaugurar una obra después de una tragedia.
El segundo batazo viene desde Playas de Rosarito.
La desaladora dejó de ser solamente uno de esos proyectos que aparecen cada cierto tiempo en discursos, planes y promesas para comenzar a entrar en terreno de ejecución.
El proyecto oficial contempla una capacidad de 2 mil 200 litros de agua por segundo en su primera etapa y está diseñado para reforzar el abastecimiento de Playas de Rosarito y Tijuana. Los registros federales ubican el proyecto en etapa de ejecución.
Baja California no puede seguir jugando su futuro dependiendo prácticamente de una sola gran fuente de abastecimiento. El crecimiento de Tijuana y de toda la Zona Costa obliga a diversificar las fuentes de agua. No hacerlo sería simplemente trasladarle el problema a la siguiente generación.
Por eso creo que Marina del Pilar se anota dos home runs políticos y de gobierno.
Uno porque consiguió colocar sobre la mesa federal un problema urgente para Tijuana y obtener una respuesta de CONAGUA. El otro porque la desaladora de Rosarito representa una obra de infraestructura que puede trascender administraciones y convertirse en parte fundamental del sistema de abastecimiento de la Zona Costa.
Pero aquí viene la parte Sin Anestesia.
La gente califica los resultados. La fotografía con funcionarios recorriendo la canalización no retirará por sí sola 600 mil metros cúbicos de azolve. La colocación de una primera piedra tampoco producirá 2 mil 200 litros de agua por segundo.
Eso lo harán las máquinas, el presupuesto, los contratos, la supervisión y, sobre todo, el cumplimiento de los tiempos. Por eso estos dos “home runs” todavía tienen que cruzar la barda.
La verdadera prueba para el Gobierno del Estado será que antes de las lluvias fuertes podamos ver una canalización en mejores condiciones y que, dentro de los plazos establecidos, podamos observar una desaladora levantándose en Rosarito.
La gente abre la llave y quiere agua. Cuando comienza a llover, quiere saber que su casa no se va a inundar.
Así de sencillo.
Si ambas cosas se cumplen, entonces no habrá necesidad de gastar demasiado dinero explicándole a los bajacalifornianos que fueron buenas decisiones. Ellos mismos lo van a notar.


