Inauguración anticipada, planeación ausente: El Viaducto elevado
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Ángel Ramírez / mx.aramirez@gmail.com

Prometieron concluir en febrero, pero marzo llega sin avances visibles y con el costo inflado a 12 mil millones de pesos

A principios de febrero, la presidenta Claudia Sheinbaum cortó el listón del Viaducto Elevado en Tijuana. La fotografía fue puntual. El concreto, no tanto. A un mes de aquella inauguración, la segunda etapa prometida para finales de febrero simplemente no aparece en el horizonte y marzo avanza sin claridad sobre cuándo concluirá realmente la obra.

El proyecto ha navegado entre fechas movedizas y cifras que crecen como espuma. El ingeniero Luis Fernando González Vergara, presidente de la Sociedad de Urbanismos de la Zona Metropolitana de Tijuana, Tecate y Playas de Rosarito, señaló que el problema no es solo el retraso, sino la improvisación acumulada. “Este proyecto nos han dado a toda la ciudadanía varias fechas: que iba a terminar en 2023, que en 2024, que en 2025, que en 2026. También que iba a costar 5 mil millones, luego 10 mil millones y ya vamos en 12 mil millones”, declaró.

Para el especialista, los cambios constantes exhiben una falla estructural más profunda: ausencia de planeación seria. “Todas esas cosas son falta de una planeación adecuada, de una programación, de una gerencia de proyectos”, afirmó. La crítica no es menor en una ciudad donde la movilidad ya opera al límite y donde cada retraso impacta directamente en tiempos, productividad y calidad de vida.

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González Vergara también puso sobre la mesa un reclamo recurrente: la exclusión del talento local. “Queremos que estas obras se hagan con gente de aquí, con gente de Baja California. Hay muy buenos ingenieros y arquitectos en la ciudad”, sostuvo. Aclaró que no se oponen a la inversión federal, pero sí cuestionan que proyectos de esta magnitud no prioricen a profesionistas locales.

Mientras tanto, el Viaducto Elevado permanece como una promesa en pausa: inaugurado, pero incompleto; anunciado, pero sin calendario firme. La pregunta ya no es solo cuándo terminará, sino cuánto más costará y cuántas fechas nuevas habrá que tachar antes de que la obra deje de ser discurso y se convierta en realidad funcional.