Por Carlos Alegría.
Hay historias que no solo se cuentan: se sienten. En el fraccionamiento Las Delicias, donde durante meses dominó la tierra seca y el abandono, hoy el paisaje ofrece una escena distinta, casi esperanzadora. El lago artificial, que parecía condenado a desaparecer, volvió a llenarse de agua… y de vida.
Donde antes había polvo, maleza y silencio, ahora el reflejo del cielo se dibuja sobre el agua y los patos han regresado, rompiendo la rutina urbana con su graznido. Familias completas vuelven a caminar por la zona, niños se detienen a observar a las aves y el lugar recupera su esencia como punto de encuentro comunitario.


“Me ponía muy triste que ya no hubiera tantos patos… ahora me da felicidad verlos de nuevo”, dice Joaquín, un niño vecino del área, mientras sigue con la mirada a las aves que nadan tranquilas. Para muchos residentes, no es un simple lago: es parte de su memoria. Algunos incluso aseguran que los patos que hoy habitan el lugar podrían ser descendientes de aquellos que estaban ahí hace más de 20 años.
Vecinos de Las Delicias habían denunciado durante años que el lago se secó debido a la urbanización desordenada y al bloqueo de canales pluviales con basura. Tras la insistencia ciudadana, el Ayuntamiento de Tijuana intervino, realizando adecuaciones que permitieron que el agua de las lluvias volviera a alimentar el cauce natural.


Hoy, el cambio es evidente: aves de distintas especies anidan y nadan, se observan peces saltando en el agua, y el espacio volvió a ser utilizado para la recreación familiar y el paseo de mascotas. La naturaleza respondió rápido, como suele hacerlo cuando se le da una oportunidad.
Sin embargo, entre la alegría también hay un llamado claro: no volver al abandono. La comunidad pide mantenimiento constante y vigilancia para evitar que la basura y la negligencia repitan la historia. El lago de Las Delicias hoy es símbolo de esperanza, pero también de responsabilidad compartida.

Porque este pequeño cuerpo de agua no solo volvió a llenarse… volvió a recordarnos que, cuando se le cuida, la naturaleza siempre encuentra el camino de regreso a casa.

